Una interesantisima nota de opinión del Diario Clarín.
Telma Luzzani
tluzzani@clarin.com
Es cada vez más evidente que no es sólo la defensa de la libertad de prensa lo que mete tensión al conflicto por RCTV (aunque sin duda hay, entre quienes protestan, muchos que la defienden).
La irritación contra Chávez tiene otros motivos de fondo. Algunos son internos y emanan de una sociedad ancestralmente desigual, gobernada a lo largo de su historia por una minoría blanca, a la que le produce alergia que un mulato de provincias ocupe el cargo presidencial.
También irritan ciertas políticas igualadoras de Chávez como las de salud y educación. La crítica opositora dice que es por la presencia de médicos cubanos o por los contenidos tendenciosos de los planes de estudio. Pero uno se pregunta si, en lo profundo, es eso lo que verdaderamente irrita. Y la sensación es que más que las leyes molestan sus posibles efectos. El acceso popular a bienes que hasta ahora sólo disfrutaba una minoría es vivido angustiosamente por las clases altas y medias como una pérdida del poder que da la diferencia. Y algo más: la progresiva conciencia de los pobres sobre sus derechos (en salud y educación, por ejemplo) y sobre el tiempo que estuvieron despojados de ellos, podría significar incluso una pérdida de poder real.
Algunas políticas de Chávez irritan también fuera de Venezuela. Y, otra vez, no tanto por las medidas en sí sino por lo que éstas puedan desencadenar. El caso de RCTV por ejemplo puede disparar varios interrogantes. ¿Son todos los medios democráticos? ¿Tienen obligación de serlo? ¿Ayudaron a la democracia los medios norteamericanos al apoyar acríticamente durante meses la ocupación de Irak sabiendo, como se sabía, que era dudosa la existencia de armas de destrucción masiva (sólo por poner un ejemplo entre muchos otros en el mundo)?
Se puede estar de acuerdo o no con las políticas de Chávez pero lo que es seguro es que provocan preguntas incómodas y de difícil solución. ¿Por qué es ilegal comerciar con Irán o con Cuba? ¿Corresponde expropiar las tierras fértiles que están ociosas? ¿Hay que obligar al propietario a que las vuelva productivas o, en nombre de la libertad, tiene derecho si quiere en dejarla como un yuyal? ¿Debe el Estado y las obras sociales reconocer a la homeopatía o la acupuntura también como medicinas “legítimas”? ¿Quién debe decidir qué se hace con los presupuestos, los intendentes o los ciudadanos? ¿Por qué no tomar las decisiones en asamblea popular? ¿Es justo someter a los pueblos originarios de América al derecho romano o deben ser libres de ejercer su justicia ancestral?
El gobierno de Chávez es un gobierno incómodo. Y él, con su retórica desmesurada y su falta de cintura política, contribuye con buenos motivos para quienes quieren naturalizar un sistema lleno de desigualdades o desterrar las preguntas.